Anunciando las vacaciones
7 de Agosto de 2008
Le daba vueltas el otro día a la cantidad de información personal que publicamos en internet y la alegría con que declaramos dónde y cuando estamos en cada momento. Y no solo a la que publicamos ex-profeso, sino también toda la que se puede inferir de los comentarios que hacemos, de las direcciones IP que utilizamos y que vamos dejando registradas por ahí, de los avisos de “fuera de oficina”, y en general, de todas las pequeñas huellas que dejamos, como decía, incluso sin ser conscientes.
Esto, unido a la normal alegría del período vacacional estival, en el que uno tiende a anunciar a los cuatro vientos cuanto tiempo le queda para irse de vacaciones, qué destino maravilloso va a visitar, durante cuanto tiempo va a desconectarse del mundo (normalmente con el humano fin del regodeo) me hizo pensar si no llegaría a ser peligroso, o cuando menos contraproducente.
Ya se sabe que algunos han pecado de bocazas, poniendo a parir a sus jefes o a sus empresas, olvidando que internet es algo más que un agujero que se traga todo lo que escribamos, y lo que es peor, olvidando (u obviando, quizás) que desconocemos el alcance que tendrá lo que escribamos. Y así, alguno se ha encontrado que su contrato no se renovó a su finalización, una vez enterados sus jefes o su empresa de su descontento callado, pero a la vez vociferado en internet.
Y antes de seguir por estas ramas, andaba yo pensando en las implicaciones que podría tener anunciar que nos vamos de casa, cuando precisamente J.R. Mora publicaba una viñeta que muestra de forma mucho más clara y concisa la idea:
Habrá que volverse algo más “tímidos 2.0″.
Por lo pronto, no voy a decir cuando salgo de viaje a dar la vuelta al mundo, ni debajo de qué colchón dejaré escondidas las joyas.
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6 de Agosto de 2008
Ayer me llegaba el que quizás sea el mensaje más friki jamás recibido. Quien se esconde tras el avatar de Bender en este blog, y con el que comparto las autodenominadas “jornadas gastronómicas” (excusa para ir a darnos un homenaje de vez en cuando), nos informaba ayer tarde del comienzo de la cuenta atrás para el nacimiento de su hija con un mensaje que empezaba con:
Esta mañana, recibimos el siguiente mensaje:
¡Enhorabuena, papi y mami!, que sé que se han portado como campeones durante toda la noche.
Pasando el tiempo en un aeropuerto
28 de Julio de 2008
Con el verano llegan los viajes de vacaciones y las huelgas en aeropuertos y compañías aéreas. Nos hemos acostumbrado a que son de temporada, como las medusas en septiembre. Para este año, ya tenemos algunos avisos: Las aerolíneas pondrán en el paro a 100.000 personas antes de Navidad, El personal de cabina y tierra de Lufthansa en huelga, Los pilotos advierten: no descartan huelgas en pleno agosto.
Este año serán menos los afectados, por aquello de la crisis, y el descenso en el número de pasajeros. Si las cosas siguen así, habrá que ir a buscar a la gente a sus casas para que hagan de figurantes cabreados en los aeropuertos.
Si eres uno de los afortunados que viajan, es mejor que vayas preparado por si te toca sufrir una de estas huelgas, o un retraso, o simplemente para pasar el tiempo, que se hace eterno, mientras esperas en el aeropuerto.
A continuación, algunos consejos útiles para pasar el tiempo de la mejor forma o hacerlo más llevadero.
Un libro. Lleva un buen libro. Uno que estés leyendo y te tenga enganchado o uno que te apetezca leer. Evita libros que no te llamen: corres el peligro de aburrirte del libro o de que no sea capaz de aislarte del entorno.
También puedes llevarte tu PSP, o tu NDS, o cualquier consola portátil que tengas. Lleva juegos suficientes.
Tu reproductor de música también será un buen compañero. Recuérdalo antes de preparar el viaje y llénalo de música.
Si viajas con niños, lleva algo para que ellos también se entretengan: alguno de sus juguetes favoritos, libros de colorear, puzzles, cuentos.
Si vas a estar mucho tiempo en el aeropuerto, varía de actividad, no estés todo el rato leyendo el mismo libro u oyendo música o jugando con tu consola. Date un paseo. Haz turismo por el aeropuerto, a veces hay cosas interesantes que ver.
Estar entretenido durante la espera en un aeropuerto hará no solo que se nos pase el tiempo de espera mucho más rápido y agradable, sino que disminuirá nuestra tensión y stress asociado al hecho de volar, con lo que ayudaremos a que nuestro viaje también sea más placentero.
Así que mientras prepares la maleta para tu viaje, piensa también en prepararte para pasar el tiempo en el aeropuerto: elige tu libro, carga tus dispositivos, ponles la música que vayas a oir, las películas que quieras ver, asegúrate de que tienen las baterías cargadas, y no te olvides si tienes niños, de que ellos también van a necesitar entretenerse.
Por supuesto, procura preparar el equipaje con suficiente antelación.
Algunas ideas han sido sacadas del artículo Travel: How to Pass Time in the Airport. Aunque en dicho artículo recomiendan también disfrutar de una comida lenta, no están los precios de la restauración en los aeropuertos españoles como para disfrutar de la comida.
Reenviando mi spam en papel
27 de Julio de 2008
Llevo muy mal el bombardeo de spam, tanto el de tipo electrónico, como el telefónico, como el de papel.
Algunos que me conocen saben que no soporto siquiera las octavillas de publicidad que ponen en los parabrisas de los coches. El spam telefónico, lo soporto según el día. A veces hasta soy educado con ellos.
En cuanto a la publicidad por correo, suelo realizar un ritual que leí hace bastante tiempo (tanto que no recuerdo donde fue) y que me convenció. El ritual consiste en guardar por un lado los folletos que no incluyen ningún tipo de información personal, y por otro, los sobres con franqueo pagado en destino que se incluyen en muchas de esta correspondencia publicitaria.
Cuando tengo un buen conjunto de material, me dedico a informar a cada empresa de ofertas de otras. Así, por ejemplo, puedo devolver en un sobre cuya intención era que me sacase una tarjeta VISA, un folleto de Galería del Coleccionista, para que puedan pedir una magnífica vajilla. Un sobre que debiera ir lleno con una solicitud de un crédito inmediato, va acompañado en su lugar de publicidad para sacar una tarjeta de crédito con otra entidad.
Por un lado, ayudo a Correos con unos ingresillos extra, que abonarán los anunciantes, y por otro lado, contribuyo a informar de esas ofertas, que ellos creen tan interesantes y que a mi me importan un eso.
Y como no, queda ese regustillo de revolucionario de salón, que se las devuelve en la cara a las grandes multinacionales.
Vale, que es una chorrada, que la idea es vieja y que no sirve para nada, pero si que algo a gusto te quedas cuando les devuelves su kippel.
factor Kippel
7 de Julio de 2008
- ¿Y va a entrar sola en los apartamentos? -no lo podía creer.
- ¿Por qué no? - Volvió a estremecerse, e hizo una mueca, consciente de haberse equivocado.
- Una vez lo hice -dijo Isidore-. Después me metí en mi casa y no volví a a pensar en el resto. Apartamentos donde nadie vive…, centenares de ellos. Están llenos de cosas: fotos de familia, ropas… Los que murieron no pudieron llevarse nada, y los que emigraban no querían… Aparte de mi piso, este edificio está completamente kippelizado.
- ¿Kippelizado? -Ella no entendía.
- Kippel son los objetos inútiles: las cartas de propaganda, las cajas de cerillas después de que se ha gastado la última, el envoltorio del periódico del día anterior. Cuando no hay gente, el kippel se reproduce. Por ejemplo, si se va usted a dormir y deja un poco de kippel en la casa, cuando se despierta a la mañana siguiente hay dos veces más. Cada vez hay más.
- Comprendo.
La chica lo miraba con duda, no sabía si creerle o no, ni siquiera si él hablaba en serio.
- Esa es la Primera Ley de Kippel -dijo él-. El kippel expulsa al no-kippel. Como la ley de Gresham acerca de la mala moneda. Y en estos apartamentos no hay nadie para compartir el kippel.
- De modo que se ha apoderado de todo -concluyó la muchacha-. Ahora comprendo.
- Este lugar -continuó Isidore-, este apartamento que ha elegido, está demasiado kippelizado para vivir en él. Podemos rechazar el factor Kippel; podemos hacer lo que le dije, buscar en los otros apartamentos. Pero…
Se interrumpió.
- ¿Pero qué?
- No podemos ganar.
- ¿Por qué no?
La joven salió al pasillo cerrando la puerta tras de sí. Cruzó los brazos modestamente sobre sus altos y pequeños senos, y se enfrentó a Isidore, ansiosa por comprender. Al menos eso le pareció a él. Se la notaba atenta.
- Nadie puede vencer al kippel -continuó-, salvo, quizá, de forma temporal y en un punto determinado, como mi apartamento, donde he logrado una especie de equilibrio entre kippel y no-kippel, al menos por ahora. Pero algún día me iré, o moriré, y entonces el kippel volverá a dominarlo todo. Todo el universo avanza hacia una fase final de absoluta kippelización.
Philip K. Dick. ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?.

