Le daba vueltas el otro día a la cantidad de información personal que publicamos en internet y la alegría con que declaramos dónde y cuando estamos en cada momento. Y no solo a la que publicamos ex-profeso, sino también toda la que se puede inferir de los comentarios que hacemos, de las direcciones IP que utilizamos y que vamos dejando registradas por ahí, de los avisos de “fuera de oficina”, y en general, de todas las pequeñas huellas que dejamos, como decía, incluso sin ser conscientes.
Esto, unido a la normal alegría del período vacacional estival, en el que uno tiende a anunciar a los cuatro vientos cuanto tiempo le queda para irse de vacaciones, qué destino maravilloso va a visitar, durante cuanto tiempo va a desconectarse del mundo (normalmente con el humano fin del regodeo) me hizo pensar si no llegaría a ser peligroso, o cuando menos contraproducente.
Ya se sabe que algunos han pecado de bocazas, poniendo a parir a sus jefes o a sus empresas, olvidando que internet es algo más que un agujero que se traga todo lo que escribamos, y lo que es peor, olvidando (u obviando, quizás) que desconocemos el alcance que tendrá lo que escribamos. Y así, alguno se ha encontrado que su contrato no se renovó a su finalización, una vez enterados sus jefes o su empresa de su descontento callado, pero a la vez vociferado en internet.
Y antes de seguir por estas ramas, andaba yo pensando en las implicaciones que podría tener anunciar que nos vamos de casa, cuando precisamente J.R. Mora publicaba una viñeta que muestra de forma mucho más clara y concisa la idea:
Habrá que volverse algo más “tímidos 2.0″.
Por lo pronto, no voy a decir cuando salgo de viaje a dar la vuelta al mundo, ni debajo de qué colchón dejaré escondidas las joyas.
Tags: lifestreaming, twitter, vacaciones
- http://www.acatos.es Acatos
- http://www.zurco.org Antonio
- Antonio2
- http://www.zurco.org Antonio
- antonio2
- Juanjo

