MeteorólogoHace años sufrimos por estas latitudes el paso de una tormenta tropical, el Delta, que causó numerosos daños materiales en infraestructuras, amén de muchas incomodidades (y pérdidas económicas, por supuesto).

Como tantas veces, el que se supiese con antelación la llegada de la tormenta tropical, no fue óbice para que no todo el mundo estuviese informado, o quien lo estuviese, se tomara los avisos con la importancia que luego se demostró necesaria.

Así, no fueron pocos los que se encontraron encerrados en sus puestos de trabajo, en los aeropuertos, o incluso en centros comerciales, de compras, teniendo que pasar la noche en ellos, ante la imposibilidad de salir a la calle.

Fue tal el desbarajuste, que entre las consecuencias tuvimos, los más afortunados, que sufrir varios días sin agua potable, por la contaminación de las aguas y una semana sin fluído eléctrico (que dependientes somos ya de la electricidad).

Unos años antes, sufrimos unas “riadas” (sin tener rio), por lluvias torrenciales, provocando en aquella ocasión, además varios muertos.

Tanto en un caso como en otro, desde varios estamentos (incluido el político) se trató de cargar con las culpas a los meteorólogos, o al servicio de metorología cuando menos.

El fatídico accidente de estos días en Barcelona, del derrumbamiento de una instalación deportiva, provocando la muerte de cuatro niños, me ha hecho recordar aquellos días y sus comentarios, al haber oído como se vierten las tintas una vez más contra los meteorólogos.

Se pretende hacer culpables a los meteorólogos por no haber avisado con antelación, o en su defecto, con la suficiente insistencia. Y si no, por haberse equivocado en evaluar la intensidad del fenómeno meteorológico.

Pues bien. No es culpa de los meteorólogos el que las inclemencias existan. No es culpa de los meteorólogos el que no se haga caso de sus avisos, o no se les de la importancia necesaria. No es culpa de los meteorólogos que se caigan los pabellones deportivos, las torres eléctricas o se desborden los barrancos.

Las culpas, habrá que buscarlas en otros sitios. Si se cayeron las torres eléctricas en Tenerife, la culpa sería de quien no las mantuvo en buen estado, dejándo que llegaran a un estado de óxido que provocase su caída. Si se desbordaron los barrancos por una gota fría, la culpa sería de quienes arrojaron sus basuras y escombros en dichas cuencas, o de quienes teniendo las competencias para mantenerlos limpios, no lo hicieron. Si se derrumba un pabellón en Barcelona, la culpa habría que buscarla en la construcción o en el diseño, que es evidente a estas horas que no era el apropiado para soportar esas circunstancias.

Y ¿por qué no?, culpemos también a quienes deben informarnos y alertarnos y no ponen todos los medios. Para que les votemos nos llenan las paredes de carteles, las calles de octavillas y de coches con megafonía.

Para avisarnos de peligros y de alertas, no.

Pero sigamos, porque también es culpa nuestra, de los ciudadanos. Que incluso avisados, hacemos caso omiso, bajo la premisa del “no será para tanto“.  A las pruebas locales me remito, que tras los temporales sufridos por estas tierras, se han extremado los avisos y las alertas. Ahora, que el tiempo va dejando las cosas en el olvido, estas alertas se empiezan a ver como molestias por parte de la ciudadanía “¿por qué cierran los colegios, si al final ni hace viento?“. Claro que si no los cierran, y sí hace viento, también lo harían mal, desde nuestra siempre crítica óptica.

Como hace tiempo escribí en mi anterior blog, quiero volver a romper una lanza en favor de los meteorólogos. No podemos culpar al mensajero, cuando su labor es precisamente ayudarnos avisándonos de lo que viene. Imaginen por un momento, que no existiesen, que las inclemencias nos cogiesen real y completamente de improviso.

Culpemos a los verdaderos responsables. A quienes no nos avisan. A quienes ahorran en construcción o en mantenimiento donde no se debe. A quienes no hacen su labor. A quienes ignoran todos los avisos.

Tags: ,

  • El viejo

    Culpemos también a los que no tienen un extintor en su casa por no ser obligatorio…

  • http://enelazul.atlantes.org jfalonso

    Es verdad, cuando lo del Delta yo estuve en carretera más de una hora, de ocho a nueve de la noche, en dirección sur. El que estuviera zarandeado por los vientos y esquivando obstáculos con mi coche fue más una cabezonería que necesidad o falta de información. No puedo echarle la culpa a nadie por lo que hice entonces pero no dejo de reconocer que hay muchos que les gusta la estrategia del fariseismo combinada con la del avestruz.