Ya han sido más de un par las ocasiones en las que, al haber nombrado al Monstruo de Espagueti Volador he obtenido como respuesta una mirada entre el “no se de que me hablas” y el “a ti se te ha ido la olla por completo“. Resuelto a solventar este pequeño gap cognitivo entre mis interlocutores y yo mismo, aprovecho para poner algunas notas e historia sobre el M.E.V.
Todo empieza una fría mañana de otoño en Wisconsin (en realidad no, pero me hacía ilusión utilizar esa frase), cuando grupos cristianos empiezan a hacer presión para que en las escuelas estadounidenses se empiece a explicar el diseño inteligente como una opción tan válida como la evolución de las especies. Sin entrar en detalles, el diseño inteligente viene a decir que la evolución es resultado de las pautas impuestas por un ser inteligente (superior, entendemos). Es decir, que aceptamos que podamos venir del mono, pero hemos evolucionado desde él porque así estaba dibujado en el planning que tiene el arquitecto jefe.
Esta postura, la de enseñar esto en las clases de ciencia, como una opción tan válida como la evolución, consiguió el apoyo de los suficientes políticos como para incluso llegar a ser aprobada en algún estado de la unión.
Y es aquí donde surge el movimiento del Pastafarismo. Basándose en la aceptación del diseño inteligente para su inclusión en las escuelas, se crea una nueva teoría, similiar a esta, (o al menos con tanta validez científica), y se solicita al mismo consejo que aceptó la inclusión del diseño inteligente que acepte esta nueva teoría, aportando pruebas similares (en rigor) a las propias del diseño inteligente.
De esta forma, se crea una parodia religiosa, en la que el dios pasa a ser un monstruo de espagueti que vuela, representado normalmente con dos albóndigas, unos ojos y sus “tallarinescos apéndices”. Alrededor de esta deidad, se crea toda la parafernalia de una religión, su iglesia, con sus madamientos (que en vez de “mandamientos” son “preferiría que no“), sus explicaciones sobre la creación del mundo, su influencia en la vida diaria, e incluso sus oraciones.

Esta parodia religiosa logra tener una gran aceptación a lo largo y ancho de internet, provocando una explosión de aceptación y de adhesiones, expandiendo la palabra del M.E.V. como ninguna otra religión más “seria” hubiese soñado nunca.
Te invito, querido lector, a que conozcas la palabra del M.E.V., y te unas, con nosotros en su iglesia. Como muestra de su palabra, a continuación, sus “Ocho preferiría que no” y la historia de su creación:
Los Realmente preferiría que no, son una parodia de los Diez Mandamientos. Cuando Mosey el capitán pirata estaba en la cima del Monte Salsa, recibió consejo del MEV en forma de diez tablas de piedra. Aunque originalmente había diez, dos se cayeron mientras Mosey bajaba de la montaña. Esto explica, al menos en parte, los laxos estándares morales de los pastafaris. Los mandamientos del MEV se refieren al tratamiento con la gente de otras fes, la adoración a Él, la conducta sexual, y la nutrición.
- Realmente preferiría que no actuases como un imbécil santurrón que se cree mejor que los demás cuando describas mi tallarinesca santidad. Si algunos no creen en mí, no pasa nada. En serio, no soy tan vanidoso. Además esto no es acerca de ellos así que no cambies de tema.
- Realmente preferiría que no usases mi existencia como un medio para oprimir, subyugar, castigar, eviscerar, o… ya sabes, ser malo con otros. Yo no requiero sacrificios, y la pureza es para el agua potable, no para la gente.
- Realmente preferiría que no juzgases a las personas por su aspecto, o cómo visten, o la manera en que hablan, o… mira, solo sé bueno, ¿vale? Ah, y que te entre en la cabeza: mujer = persona, hombre = persona, Samey = Samey. Ninguno es mejor que el otro, a menos que hablemos de moda claro, lo siento, pero eso se lo dejé a las mujeres y a algunos hombres que conocen la diferencia entre verde mar y fucsia.
- Realmente preferiría que no tuvieras una conducta que te ofenda a ti mismo, o a tu compañero amoroso mentalmente maduro y con edad legal para tomar sus propias decisiones. Respecto a cualquier otro que quiera objetar algo, creo que la expresión es “jódete”, a menos que lo encontréis ofensivo, en cuyo caso pueden apagar el televisor y salir a caminar, para variar.
- Realmente preferiría que no desafiaras las ideas fanáticas, misóginas, y de odio de otros con el estómago vacío. Come, luego ve tras los malditos.
- Realmente preferiría que no construyeras iglesias/templos/mezquitas/santuarios multimillonarios a mi tallarinesca santidad cuando el dinero podría ser mejor gastado en (tú eliges):
1. Terminar con la pobreza.
2. Curar enfermedades.
3. Vivir en paz, amar con pasión, y bajar el precio de la televisión por cable.
Puedo ser un ser omnipresente de carbohidratos complejos, pero disfruto de las cosas sencillas de la vida. Yo lo sé, para eso SOY el creador. - Realmente preferiría que no fueses por ahí contándole a la gente que te hablo. No eres tan interesante. Madura ya. Te dije que amaras a tu prójimo, ¿no entiendes las indirectas?
- Realmente preferiría que no le hicieses a los otros lo que te gustaría que te hiciesen a ti si te van las… eh… las cosas que usan mucho cuero/lubricante/Las Vegas. Si a la otra persona también le interesa (conforme a #4), entonces disfrutadlo, sacaos fotos, y por el amor de Mike ¡usad un PRESERVATIVO! En serio, es un pedazo de goma. Si no hubiera querido que disfrutarais al hacerlo habría añadido pinchos, o algo.
Bienvenido, nuevo pastafari. Sabemos que te has convertido. Ya podemos decirte algunos de los beneficios de la conversión:
- Los pastafaris tienen una moral laxa, como los espagueti que adoran.
- Todos los viernes son fiesta.
- En el cielo, encontrarás un volcán de cerveza y una fábrica de strippers.
Si el pastafarismo no es lo tuyo, siempre te quedará el Notaísmo.
Tags: diseño inteligente, MEV, pastafarismo, religión
- http://enelazul.atlantes.org jfalonso
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