Llevo muy mal el bombardeo de spam, tanto el de tipo electrónico, como el telefónico, como el de papel.

Algunos que me conocen saben que no soporto siquiera las octavillas de publicidad que ponen en los parabrisas de los coches. El spam telefónico, lo soporto según el día. A veces hasta soy educado con ellos.

En cuanto a la publicidad por correo, suelo realizar un ritual que leí hace bastante tiempo (tanto que no recuerdo donde fue) y que me convenció. El ritual consiste en guardar por un lado los folletos que no incluyen ningún tipo de información personal, y por otro, los sobres con franqueo pagado en destino que se incluyen en muchas de esta correspondencia publicitaria.

Cuando tengo un buen conjunto de material, me dedico a informar a cada empresa de ofertas de otras. Así, por ejemplo, puedo devolver en un sobre cuya intención era que me sacase una tarjeta VISA, un folleto de Galería del Coleccionista, para que puedan pedir una magnífica vajilla. Un sobre que debiera ir lleno con una solicitud de un crédito inmediato, va acompañado en su lugar de publicidad para sacar una tarjeta de crédito con otra entidad.

Por un lado, ayudo a Correos con unos ingresillos extra, que abonarán los anunciantes, y por otro lado, contribuyo a informar de esas ofertas, que ellos creen tan interesantes y que a mi me importan un eso.

Y como no, queda ese regustillo de revolucionario de salón, que se las devuelve en la cara a las grandes multinacionales.

Vale, que es una chorrada, que la idea es vieja y que no sirve para nada, pero si que algo a gusto te quedas cuando les devuelves su kippel.

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  • http://www.doramas.net magacín66

    Me ha encantado la idea. La pondré en práctica!!!!

    Cuando escribió este comentario, magacín66 hablaba en su blog de Crisis? What crisis?.