Esta es la pregunta que ahora está de moda. O quizás más estrictamente, la aseveración que está de moda. Se manejan cifras con una pasmosa facilidad. Se comparan datos de países sin mayor problema.
Y así vemos que España tiene demasiados funcionarios, comparados con el país que interese. O que tiene demasiados pocos, comparados con cualquier otro. Y poco o nada importa qué servicios ofrezcan de forma pública esos otros países o cuales son mediante oferta privada. Se comparan sin rubor países con sanidades públicas y sanidades privadas, enseñanzas públicas y enseñanzas privadas, con distintas organizaciones de todo tipo, e incluso con diferencias territoriales, climáticas o culturales. Por que todo afecta.
También se comparan “los índices de productividad”, como si fuesen valores absolutos, más allá de meros indicadores que conllevan una difícil extrapolación, dadas todas las variables locales que actúan.
Y así, se acaban dando argumentos de peso a favor de la disminución del número de funcionarios necesarios. De la misma forma, también se acaban dando argumentos de peso a favor del aumento del número de funcionarios necesarios. Evidentemente, lo mismo se aplica a sueldos, horarios, períodos vacacionales, formación, etc. etc.
Y no es que esté mal dialogar, discutir u opinar sobre cualquier tema. Pero tampoco estaría mal conocer más datos, antes de sentar cátedra, que el “pues yo conozco a uno que …” o el “pues a mi una vez ….” o “yo trabajé en un …“, porque en el mejor de los casos, esos datos están supeditados a la subjetividad del observador, a las variables locales, o incluso al momento temporal y quizás no sean extrapolables no ya a todo un cuerpo tan variado a nivel nacional, sino siquiera a otro departamento u otro cuerpo del mismo entorno.
Yo no sé si en España sobran funcionarios. Ni sé si faltan. Ni sé si faltan en algunos sitios o sobran en otros. No sé si todos trabajan mucho, poco o nada. No sé si todos son mileuristas, no llegan siquiera o lo sobrepasan. No sé si no tienen formación porque ellos no quieren o porque nunca se les ha ofrecido. No sé si no están motivados porque se han acomodado o porque no hay ni una expectativa de progresar económica, profesional o personalmente. De hecho ni sé si están motivados o no. No sé si los que atienden al público ponen malas caras porque son malas personas o porque tienen que soportar que todo el día les pongan a ellos malas caras por los prejuicios con los que llegan a tratar con “el funcionario“. Tampoco sé si ponen buenas caras porque son buenas personas, porque están motivados o porque se están riendo por dentro de a saber quien o qué.
Puedo opinar, en todo caso, sobre los escasos casos que conozco, y sabiendo que estarán matizados. Pero no debo caer en el error de que eso me da el poder de valorar o etiquetarlos a todos, siendo además un cuerpo formado por tal variedad de profesiones.
Lo que si puedo opinar es que en España sobran otro tipo de expertos. Este es un país en el que hay 46 millones de entrenadores de fútbol, 46 millones de Ministros de Economía, 46 millones de Presidentes del Gobierno, 46 millones de jefes de la oposición, 46 millones de expertos en Fórmula 1, 46 millones de expertos en administraciones públicas, 46 millones de expertos en cualquier cosa.
Somos el país con más expertos por habitante. Y además, expertos de los buenos, de los que sabemos dar la solución a cualquier problema sin necesidad de datos.
Y es cuando acompañamos nuestros sesudos estudios con unas cañas y unas tapas cuando descubrimos que tenemos la solución no ya a todos los males de nuestro país, sino incluso a los foráneos.
Y yo, después de dar mi tan precisa opinión y análisis, me voy a pedir otra caña. Pero antes voy a explicarle al camarero cómo se tiran las cañas, porque está claro que no tiene ni idea de cómo se hace.

Pingback: Bitacoras.com